



La movilidad humana supone hoy una creciente tendencia a la globalización. Ello comporta nuevos problemas y retos a encarar, en los cuales Dios nos ofrece también posibilidades pastorales. La Iglesia acepta estos nuevos retos convirtiéndose en el Buen Samaritano por los caminos de la humanidad, promoviendo solidaridad y responsabilidad, así como el ejercicio de la caridad apostólica.
Dado que la movilidad humana es por definición un fenómeno de cambio que se expande casi incontrolado más allá de las fronteras tradicionales, ella requiere una cooperación, responsabilidad y solidaridad internacional y regional. Esto es real, no sólo para las relaciones entre Estados, sino también para la Iglesia, a quien Dios llama igualmente a promover la comunión, la solidaridad y la cooperación en este campo entre las Iglesias particulares, al igual que en el diálogo ecuménico e interreligioso.
Aun más, la evangelización en el Tercer Milenio supone una renovada confianza en la planificación pastoral, según la carta y el espíritu de Novo Millennio Ineunte. La Iglesia, en un mundo globalizado, está llamada a intensificar su rol de promotora y animadora de la solidaridad y respeto por la dignidad humana y sus derechos fundamentales. Este Pontificio Consejo, con renovado vigor, desea ejercitar su papel de promotor de estructuras y servicios pastorales, así como la colaboración entre Conferencias Episcopales, en beneficio de la "gente de la carretera".
S. E. Mons. Stephen Fumio HAMAO
Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes
1° Encuentro Europeo de Directores Nacionales para la Pastoral de la Carretera (Roma, 3-4 febrero 2003)
(Extracto de la Conferencia de Apertura del Encuetro)